domingo, 6 de mayo de 2012

UNA VUELTA CON EL VOLSKWAGEN ESCARABAJO


Hoy, a media mañana, he dado un agradable paseo con mi Volkswagen Escarabajo. Como es habitual en él, arrancó a la primera y el sonido del motor demostró que estaba deseoso de pasear bajo el agradable sol de mayo.

El paseo fue corto, creo que no hicimos más de 5 ó 6 kilómetros de recorrido. Me crucé con varios conductores que se quedaron observando la matrícula. En España, debido a los cambios en los sistemas de matriculación, ver un “sin letra” es ver un coche bien antiguo (de hecho, anterior a 1971). Ésa era la expresión de los automovilistas cuando veían circulando mi “sin letra”.

Mi parte preferida entre todo el conjunto de líneas
del magistral diseño de Ferdinand Porsche.

Mientras paseaba, en mi mente iba dándole vueltas a uno de las cuestiones fundamentales a la hora de restaurar mi Beetle de 1967: la tercera luz de freno, obligatoria por Ley en España. De hecho, mi Volkswagen no está obligado a llevarla porque nunca la tuvo, pero creo que no está de más instalarla. La tercera luz de freno cumple una importante función a la hora de avisar a quienes nos siguen en la carretera de que se está frenando. ¡Y cómo descuidar esta cuestión cuando conducimos un vehículo con motorización trasera!

He valorado diferentes opciones. Una es instalarla en el parachoques, del modo en que se instalaban los faros de niebla en algunos vehículos en su defensa delantera. Es una solución limpia, pero con algunos contras. Por un lado, la luz de freno queda a baja altura, perdiendo eficacia. Además, intervenimos el parachoques taladrándolo, lo cual a veces es una lástima, siendo susceptible de robos o desperfectos en la calle. Por último, la línea del VW se ve afectada, y debo reconocer que aunque todas las formas del vehículo son de mi agrado, mi parte favorita es la caída desde la parte alta de la luna trasera hasta el cierre de la tapa del motor.

Otra opción es montar una lámpara en la rejilla de ventilación del motor, entre su tapa y la luna. Sería un añadido claro, fácilmente retirable, y estaría colocado a una altura óptima. El problema principal es conseguir una lámpara que quede colocada con el ángulo adecuado, ya que en esa parte la inclinación de la chapa es significativa. Además, habría que encontrar o fabricar una pieza con un diseño acorde con el del Volkswagen para no desentonar y esto ya son palabras mayores. ¡Quizá habría que consultar con Pininfarina!

Hoy en día mi VW Beetle lleva una tercera luz de freno un tanto chapucera.

Por último, podría remedar la solución actual: una tercera luz de freno instalada en el interior del vehículo, discreta, colocada en la parte baja de la luna trasera. El principal argumento en contra es que afecta al tapizado del interior, pero quizá puedan encontrarse soluciones más limpias. Tal vez usando el cristal como soporte, empleando algún tipo de silicona de calidad y resistente al calor. Tal vez usando un imán potente que adhiera la estructura de la lámpara a la chapa bajo el tapizado. Mil ideas disparatadas pasan por mi cabeza y a través de ese trabajo en segundo plano espero encontrar la solución más adecuada para salir a pasear con mi Volkswagen Escarabajo y una flamante, discreta y eficaz tercera luz de freno.

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